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Los medios de comunicación, congregan a los hombres de nuestro tiempo en un estrecho círculo de diálogo, que persigue la fraternidad y colaboración de todos.
A través de estos objetivos se promueve y difunde el cotidiano diálogo de los hombres entre sí, y así se da origen y curso por doquier al diálogo público de la sociedad entera. La afluencia de noticias y opiniones así difundidas, hace realmente que todos los hombres en todo lo ancho de la tierra, participen de los asuntos y dificultades que afectan tanto a cada uno como a toda la comunidad.
La comunicación y el progreso en la convivencia humana son los fines principales de la comunicación social y de sus instrumentos: prensa, cine, radio y televisión. Su creciente perfeccionamineto hace que lleguen cada vez más fácilmente a todos los hombres; y que día a día influyan más en sus actitudes y en sus vidas, en las que los medios técnicos están cada vez más introducidos.
De ahí, y siguiendo la iniciativa del Magisterio de la Iglesia, hacemos uso de todos los Mass Media la promoción del Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo.
La Iglesia Católica, fundada por Nuestro Señor Jesucristo para la salvación de todos los hombres, y por lo mismo que está obligada a la evangelización de toda creatura, considera parte de su misión servirse de los instrumentos de comunicación social para predicar a los hombres el mensaje de salvación y enseñarles el recto uso de estos medios. A la Iglesia, pues, corresponde el derecho natural de usar y poseer todos los instrumentos de este orden en cuanto sean necesarios o útiles para la educación cristiana, y para toda su obra de la salvación de las almas, y corresponde a los sagrados pastores el deber de instruir y gobernar a los fieles, de modo que estos, sirviéndose de dichos instrumentos, atiendan a su propia perfección y salvación, así como a la de todo el género humano. Por lo demás, corresponde principalmente a los laicos penetrar de espíritu cristiano esta clase de medios, a fin de que respondan a la gran esperanza del género humano y a los designios divinos. Para esto es necesaria una adecuada formación de sacerdotes, religiosos y laicos. (Inter Mirifica, Cap I, #3...15)
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